jueves, abril 28, 2005

Volver...


¿Será "con la frente marchita"?

Hoy es un día frío, opaco, con ese sol que no alcanza a brillar por la humedad del ambiente (94%). Con un mate recién hecho, me puse a buscar materiales para leer a Georg Wilhelm Fredrich Hegel. Algunos libros y papeles están bordeados de pelusas diminutas. Hace más de 15 años que no tenía que dar una clase sobre Hegel. Aunque sea una clase breve, es un regreso a un lugar querido: el de la filosofía. Y siempre esos regresos guardan sorpresas, auguran relecturas, esconden nuevos entusiasmos.

Me metí un poco por Schelling: amigo de Hölderlin y de Schiller, y hecho profesor por insistencia de Goethe. Pero más le entré a Hegel por Fichte... Cuánto de olor a teología hay en estos tipos: todos estudiaron en Tubinga. Cuánto de romanticismo: todos pasaron por Jena. Y cuánto de la resistencia a la invasión del imperialismo napoleónico (de hecho Fichte participó activamente de la resistencia; pero Hegel siguió enseñando, acaso por su asomo panteísta que fue rechazado por Alemania). Así es que se les hace necesario, como un postulado absoluto, filosofar sobre el "espíritu", ese sentido producido por Alemania, donde entre dios y la naturaleza hay un delgado hilo. Es fascinante, si no fuera por algunas consecuencias que eso trajo.

Y al pasar, creo que por pirmera vez, me di cuenta que Fichte fue el primer rector de la Universidad de Berlín, tras su fundación en 1809. Otras conexiones entre este diminuto tiempo platense y aquel gran semillero de Berlín.

sábado, abril 23, 2005

23 de abril: San Jorge


El nombre de Jorge viene del griego y significa: "agricultor, que trabaja en la tierra". A pesar de la popularidad de San Jorge, se conocen muy pocos datos de él, y casi todas sus noticias se basan en leyendas y tradiciones que han pasado de boca en boca a lo largo de los siglos. Todos los historiadores y escritores de libros de santos, suelen coincidir en que fue un soldado romano, nacido en el siglo III en Capadocia (Turquía) y que falleció a principios del IV, probablemente en la ciudad de Lydda, la actual Lod de Israel. Sus padres, según la tradición, eran labradores y tenían mucho dinero.

La leyenda más difundida de San Jorge es sin duda la del dragón, en la cual se lo presenta como un soldado o caballero que lucha contra un ser monstruoso (el dragón) que vivía en un lago y que tenía atemorizada a toda una población situada en Libia. Dicho animal exigía dos corderos diarios para alimentarse a fin de no aproximarse a la ciudad, ya que desprendía un hedor muy fuerte y contaminaba todo lo que estaba vivo. Al final ocurrió que los ganaderos se quedaron casi sin ovejas y decidieron que se le entregara cada día una persona viva, que sería escogida por un sorteo. Un buen día, le toco la "suerte" a la hija del rey, pero, cuando el monstruo iba a comérsela, San Jorge la salvó. Es por ese motivo que en Catalunya, San Jorge (Sant Jordi) es el santo de los enamorados. En Catalunya y Aragón el 23 de abril es día de fiesta desde 1461. La leyenda de San Jorge fue escrita en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine en su célebre obra "La Leyenda dorada".


Recuerdo que en la década del 70 se intentó construir otra imagen de San Jorge, principalmente en América Latina. En ese tiempo, algunos decían que el dragón era la figura del imperialismo, que primero nos arrebataba nuestros bienes y luego nos pedía la vida misma. Es así que San Jorge, entre algunos grupos, pasó a ser el santo del anti-imperialismo.

domingo, abril 17, 2005

En uno u otro lado del camino


Temprano llegué de Reconquista (en el norte de Santa Fe). Casi toda la semana estuvimos en una chacra que pertenece a INCUPO (Instituto de Cultura Popular), coordinando un seminario de Comunicación y Educación Popular... Hay fotos para mirar.

Participaron unas 35 personas, todos educadores y comunicadores populares de distintas zonas del país. Muchos de ellos son jóvenes. Nuestra compañera diaria fue cada subjetividad, con sus luces y sombras, con sus anhelos y sus cansancios, con sus decepciones y sus luchas, con sus amores y sus broncas.



El mate o el tereré, que va de mano en mano, suele ser la imagen de quienes decidimos compartir algunos caminos, o algunos descansos. En estos encuentros, aquí o allá, se sienten renovadas las fuerzas para construir un mundo más humano. Para pelearle a esta sociedad depredadora. Pero para hacerlo con alegría, volviendo a cantar y a celebrar el encuentro y el camino por recorrer. Y... "mientras ocurría, esa alegría estaba siendo ya recordada por la memoria y soñada por el sueño. Ella no iba a terminarse nunca, y nosotros tampoco, porque somos todos mortales hasta el primer beso y el segundo vaso, y eso lo sabe cualquiera, por poco que sepa" (Eduardo Galeano, "El libro de los abrazos").

sábado, abril 09, 2005

El puente


Cuando éramos chicos vivíamos en City Bell, a 11 kilómetros de La Plata. Un lugar que nos permitía inventar innumerables juegos y recorrer cada lugar como si fuera una aventura. A doscientos metros de casa estaba el arroyo Martín, de aguas casi estancadas y de un color marrón grisáceo, pero donde podíamos pescar. El camino General Belgrano, que une La Plata con Buenos Aires, cruzaba el arroyo. Había (y hay todavía) un puente de hierro, con bulones enormes, cuya estructura tenía una forma semicircular con parantes verticales y oblicuos entrecruzados. Con Raúl, Moncho y tal vez Richard, nos íbamos por el arroyo hasta abajo del puente para colgarnos debajo del camino y sentir la vibración y el estruendo de los camiones cuando pasaban sobre él.

Ese puente era atractivo. Siempre llevaba desde el lugar propio hasta lugares desconocidos. Era a la vez un límite y un pasaje. Como el puente era angosto, resultaba un desafío cruzarlo en mi bicicleta roja a toda velocidad (como después me dibujara Cintia) haciéndome flaquito para que no me atropellaran los autos, los camiones o los ómnibus.

En los viajes y en la vida los puentes son imprescindibles. El puente de la Boca siempre fue ruidoso y con olor a Riachuelo. El puente de Zárate-Brazo Largo me parece triste. El puente de la Rinconada, entrando a Junín de los Andes, es hermoso, pero su angostura y sus tablones un poco sueltos lo hacen atrayente, inseguro y peligroso. El puente Pueyrredón y el puente de entrada a Neuquén tienen huellas de luchas y represiones salvajes. El puente del arroyito del Parque Pereyra, cortando el camino de tierra rodeado de arboledas añosas, es una invitación a detenerse, tomar mate, meditar… por él no cruza nadie. El puente Langlois, de Arles, fue pintado por Van Gogh casi una docena de veces, y siempre es distinto.

The Langlois Bridge at Arles (Vincent van Gogh, 1888)

No le siento olores, pero el azul del cielo y del agua parece continuo, sólo separado por un campo amarillo. Como en todos los puentes, mientras algunos lo cruzan, otros están en la orilla. De uno o de otro lado, seguramente, se desenvuelve la vida, pero de formas diversas. De esta o de la otra orilla, con certeza, está el amor, aunque fuera de maneras distintas. Y quién sabe para qué pasa quien lo cruza. Pero este puente es un puente que se abre, que no siempre es puente, sino que a veces necesita ser paso de los barcos y, otras, de los hombres o las carretas.

Lo importante, acaso, sea no detenerse en medio del camino. Confiar en que el puente, al fin, nos llevará a otros lugares, tal vez, como entonces, desconocidos. Pero para entregarse a esa aventura hay que confiar en el puente y en las propias fuerzas para cruzarlo. Sólo para no resignarse a estar siempre de este lado. Porque quedarse sólo de un lado augura una sensación de muerte lenta y, en cambio, cruzarlo, me asoma a la promesa de la vida. Y, en este caso, no me sirve estar al lado del camino, si no caminarlo. Aunque no tuviera la certeza de una compañía.

jueves, abril 07, 2005

Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago…


Ceremonioso, el “papable” Cardenal Jorge Bergoglio (tan silencioso o ¿miedoso? en la época de la Dictadura), advirtió en la Misa por la Educación que “con los chicos y los jóvenes no se experimenta”.

Tuvo una suerte de amnesia, cosa que suele ocurrirle frecuentemente a la jerarquía de la Iglesia. Se olvidó de los abusos cometidos por sacerdotes, innumerables; incluso los tantísimos no denunciados.

Se olvidó de los Hijos de desaparecidos, frente a los cuales la mayoría de la Iglesia jerárquica se quedó muda. Se olvidó de la pavorosa formación para el conformismo y el consumismo de muchísimas escuelas católicas. Se olvidó de la celebración del machismo y la homofobia en múltiples espacios del catolicismo institucional. Se olvidó de los chicos de la calle, que suelen ser una humanitaria excusa para que alguna iglesia logre suculentos subsidios. Se olvidó de esos adolescentes y jóvenes que a la Iglesia le producen pánico moral.

Todavía vivimos, y quizás por mucho tiempo, los coletazos de la modernidad conquistadora en la Iglesia, que tanto denunció el mismísimo Vaticano. Esa modernidad que, como sostenía Agnes Heller (claro, discípula de Georgy Lukacs), tiene como sello distintivo la contradicción entre lo se dice y lo que se hace.

Demasiadas palabras en la era mediática. Demasiada corrupción de la palabra. Demasiado silenciamiento de la Palabra (la “Dabar” del Antiguo Testamento, el “Logos” de Jesús).

Una nota biográfica sobre el “papable” Cardenal Bergoglio:

En tiempos de la Dictadura, Jorge Bergoglio era Provincial de la Compañía de Jesús (es decir, jefe de los Jesuitas en Argentina) y tenía diálogo con el presidente, el general Jorge Rafael Videla, ultra-católico y genocida. El padre Orlando Yorio, jesuita también, era sacerdote en la villa de Bajo Flores (donde yo trabajé en los años 77 y 78), de donde se lo llevaron las fuerzas armadas en 1976. Diez años después, fue el referente de los Seminarios de Formación Teológica, en los que yo participo como miembro del equipo de coordinación.

Un laico que trabajó activamente contra la Dictadura y que, en esos tiempos, denunció casos de violaciones de derechos humanos en el exterior, expresa: “Por los datos íntimos que poseían los militares y las preguntas que le hicieron en la ESMA, Yorio cree que Bergoglio o alguien muy próximo estaba presente en los interrogatorios. Si Yorio se salvó fue porque intervino el Vaticano. Bergoglio fue un entregador y muchos miembros de la Compañía de Jesús debieron exiliarse”.

Orlando Yorio nunca se recuperó por completo. Trabajó en el obispado de Quilmes (conducido por Monseñor Jorge Novak, presidente del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos durante la Dictadura) pero se sentía amenazado y se radicó en el Uruguay, donde murió en el año 2000. Poco antes evocó su relación con su "jefe" Bergoglio: “No tengo ningún motivo para pensar que hizo algo por nuestra libertad, sino todo lo contrario”.


domingo, abril 03, 2005

Ese hombre


Ayer murió el Papa Juan Pablo II. El Papa mediático agonizó por televisión más de 30 días.

Canonizó al cura José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y colaborador del Generalísimo Franco,
pero silenció a los teólogos de la liberación Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez.

Fue el Papa anticomunista e integrista que apoyó a Solidaridad en Polonia y contribuyó a la caída del Muro de Berlín,
pero enarboló las críticas de sentido común al neoliberalismo, dejando intocables sus verdaderas causas.

Renovó casi todo el Colegio de Cardenales con obispos conservadores e incondicionales (que son los que en estos días elegirán a su sucesor),
pero reprimió el movimiento de las Comunidades Eclesiales de Base en América Latina y restringió sus actividades políticas en favor de la justicia social.

No condenó a la Junta Militar terrorista cuando estuvo en Argentina en 1982,
pero condenó el uso del preservativo, las relaciones homosexuales, el divorcio, las nuevas formas de fecundación.

El simpático Papa, viajero del mundo, dio el equivalente a 30 vueltas al globo casi como si fuera una estrella de rock,
pero no denunció (como sí lo hizo el frío y antipático Paulo VI) la creciente brecha capitalista entre los ricos y los pobres.

Se abrió al diálogo con líderes mundiales de todas las iglesias y de todas las ideologías (incluso las más antihumanas),
pero clausuró los debates internos de la Iglesia referidos al celibato y el sacerdocio de las mujeres.

Se negó a darle la mano a Ernesto Cardenal, monje trapense, poeta y ministro de Cultura del Sandinismo nicaragüense,
Pero estrechó la mano asesina de George Busch, adalid de la prepotencia, la brutalidad y el genocidio mundial.

Tal vez no necesitemos ya una imagen producida para el mundo globalizado y para los medios, llena de efectos emotivos. Como hoy afirman los Cardenales brasileños Claudio Hummes (arzobispo de Sao Paulo) y Geraldo Majella Anello (arzobispo de San Salvador de Bahía): o la Iglesia, con su nuevo Papa, se abre a un diálogo franco con el mundo y empieza a defender a los pobres luchando contra la injusticia, o su futuro puede ser sombrío.




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